Wednesday, July 26, 2006

PRELUDIO



NADA DE ESO

El misterioso reconocimiento
que trae el atardecer;
los recuerdos del mar
en la memoria de Melville;
el llanto insinuado
en la madre del niño muerto;
una cifra que discada
renace viejas voces:
Nada de eso
alterará las nubes.-



ESCORPIO

Serpientes de viento
atisban el camino.
Todavía es de noche.
El Escorpión cuelga
- curvo y quieto-
sobre el Oeste,
sin caer.
(Más tarde reptará detrás
del monte de eucaliptus,
se ocultará hasta
el próximo atardecer).
Nada ha cambiado:
el trigal,
las alambradas,
el búho,
la trilladora abandonada,
el caserón lejano de la estancia,
el salto de la liebre;
todo permanece inmóvil.
Sólo se sucede
la luz del día.



PRELUDIO

La sombra de una nube
se esparce sobre mi sombra,
la devora y la confunde;
y ya no queda otra sombra
que la de la nube,
espejo oscurecido de ese agua
que pervierte la gravedad.-



LOS FRUTOS DE LA TIERRA

El tronar de los fuegos de artificio
le recuerda el festejo del
año nuevo chino
en las calles de Almagro.
El lo ha visto por televisión;
y ahora tiene la certeza que
esos mismos taiwaneses
comentarán su vendimia mendocina;
que habrá alguno que rozará
con su mano la pantalla,
señalará soez con el índice
el sudor estampado
en la piel de su hija,
la segunda desde la izquierda
en la carroza de fácil alegoría
(los frutos de la tierra).

2 comments:

tristano cleva said...

¿Alguna vez se te ocurrió eso de salir, solo salir y andar, explorar el azar objetivo, solo en esa ida o en esa venida de no sé donde, con una esperanza de encontrar algo maravilloso, horrible, tremendo, sutíl, banal, o tan solo algo que te deje con los ojos abiertos y con una fugáz expresión que nunca podrás describir? Acabo de hacer eso, y aquí estoy.
De verdad, es un verdadero gusto conocer tu poesía (y de tal manera).

Patricio Valverde said...

PRELUDIO Y ACTO

La sombra de una nube
se esparce sobre mi sombra,
la devora y la confunde;
y ya no queda otra sombra
que la de la nube,
espejo oscurecido de ese agua
que pervierte la gravedad.

Es sombra sobre sombra
y quita de mi
el cansado registro
del cuerpo que se aburre
y se pìerde en la ingravidez
del cielo pervertido

burla mi vigía

los jazmines seguirán
prometiendo sangre
mientras me asfixia
ciclicamente
esa inmanente
y absurda liviandad

Nunca pude
salirme del espejo
ni pude estar
realmente dentro
nunca pude
dejar de esperar
esa sangre

quizá
la boca
es una herida

quizá

quizá

sangre.